viernes, noviembre 02, 2007

Manuel Ramos: «Formarse como terapeutas es aprender un arte»

Extraido del Diario "Levante"
Manuel Ramos: «Formarse como terapeutas es aprender un arte»
El director del ITG defiende un ejercicio humanizado y no dogmático

Jueves 01 de noviembre de 2007
María Tomás, Valencia «La terapia Gestalt está basada en conducir al paciente a un alto nivel de frustración para que crezca» . Falso. «La intuición es el todo de la terapia Gestalt» . Falso. «El terapeuta conoce todo lo que sucede durante la sesión mejor que el paciente». Falso. Se trata de mitos que el director del Instituto de Terapia Gestalt de Valencia (ITG), Manuel Ramos, trató de desmontar en la presentación de las actividades que desarrolla el instituto durante una acto que tuvo lugar en el Club Diario Levante .

La charla titulada Mitos y realidades sobre la Terapia Gestalt estaba destinaba a hacer frente a esa idea general de que la Gestalt es «poco menos que una secta que odia lo que hace referencia a la razón y la elaboración teórica». «Quiero sustentar teóricamente la terapia y demostrar la seriedad con la que trabajamos en busca de una terapia caracterizada por el respeto, la honestidad y la responsabilidad». Tres actitudes imprescindibles para un terapeuta que, en opinión de Ramos, debe desarrollar afecto hacia el paciente al que acompaña. «Si al terapeuta, el paciente no le importa, la terapia podrá ser técnicamente perfecta pero nunca podrá llamarse humana ni humanizada», aseveraba . «Aprender es descbrir que es posible» Acompañado de Manuel Solano, Sergio Huguet y Carmen Villar, Ramos aseguró que hablar de la terapia «supone el placer y el reto de abordar la disciplina psicológica y terapéutica que más ha influido en mi vida ». Su charla se dirigía a derribar tres de los mitos que rondan a los gestálticos, esta rama de la psicología elaborada por Fritz Perls, pensador que sostenía que «aprender es descubrir que algo es posible». Tres mitos, considerando como tales «creencias a las que se adhiere uno dogmáticamente, es decir, sin crítica» . Y esos tres mitos son, que la frustración es un buen camino para los pacientes; que no es necesario el soporte técnico y que el terapeuta es un ser omnipotente y perfecto. «Si queremos ayudar a nuestros pacientes a realizarse como seres realmente humanos, nosotros también hemos de tener valor suficiente como para exponernos a los peligros del ser humano» , señalaba Ramos citando a Laura Perls. En definitiva, un quehacer que se ha de abordar siempre con el interés del paciente por delante, con técnicas que no sirvan para que el terapeuta se proteja a sí mismo y permitiendo la indecisión y la determinación del paciente. «Hay que evitar ponerse como modelo de imitación. Sabemos que la enfermedad proviene de la imitación», añadía. Y al hilo de esta afirmación, Ramos aprovechaba para afirmar que «si lo normal es empezar por adoptar el estilo del maestro, la clave para ser un buen terapeuta es encontrar el estilo terapéutico propio para encontrar el ajuste creativo con el paciente. Formarse como terapeutas es aprender un arte», concluía.

1 comentario:

ru dijo...

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